El Camino · Enrique Aguilar
A mis más de 50 años, después de una vida dedicada al aprendizaje, la formación continua, la investigación y el desarrollo de proyectos profesionales, pensaba que pocas experiencias podrían sorprenderme o transformarme de verdad. Sin embargo, llegar a la Escuela Ludocorporal Enrique Aguilar ha sido uno de esos regalos inesperados que marcan un antes y un después.Aquí no solo he aprendido una metodología; he vivido una experiencia profundamente humana. Me he sentido acompañada con respeto, cercanía y coherencia en un proceso que me ha permitido mirar hacia dentro, reconocerme y crecer. Cada propuesta, cada vivencia y cada encuentro han sido oportunidades para sentir, reflexionar, integrar y transformar.Lo que más valoro es que los aprendizajes no se quedan en la teoría ni en el discurso. Se experimentan en el cuerpo, se viven con emoción y cobran sentido en la vida cotidiana. Esa coherencia entre lo que se enseña y lo que se vive es, para mí, uno de los mayores tesoros de esta escuela.Hoy puedo decir que no soy la misma persona que llegó. Me siento más conectada conmigo misma, más alineada con mis valores, más consciente de quién soy y de cómo quiero estar en el mundo. Y, como profesional, me llevo herramientas valiosas, pero sobre todo una nueva manera de acompañar a otras personas desde la autenticidad, la presencia y el corazón.Gracias a Enrique Aguilar y a todo el equipo por crear un espacio tan genuino, transformador y lleno de vida.Sin duda, una experiencia profundamente enriquecedora que recomendaría a cualquier persona que desee crecer, conocerse más profundamente, transformarse y vivir un aprendizaje que deja huella.Rosa.